Crecer feliz
Mamá Trendy
16 / Junio / 2017

Diversión para todos en Costa Daurada

Fin de semana con niños pequeños, viaje, playa… Suena genial. Y a la vez impone respeto, para qué nos vamos a engañar, ¿verdad?

El plan era perfecto, nos íbamos a la Costa Daurada a pasar tres días con los niños, así que superado el primer gran reto, sí, efectivamente hablo de las maletas, cogimos el AVE rumbo a la diversión.

Como primer apunte, he de confesar que nunca había estado en esa zona de Cataluña, cerca sí, pero no pero no en la Costa Daurada, y resulta que salvo por cosas de trabajo, Elvis tampoco. Era pues un destino desconocido para todos, ¿puede haber algo más emocionante que ver algo por primera vez?

Y allí llegamos, tras dejar el vagón lleno de gusanitos y dibujos, a una estación que estaba en medio del campo, literalmente. Todo un soplo de aire fresco recién llegados de una ciudad como Madrid. Y ese es el momento donde empezó nuestra aventura, y con ella, el flechazo.

Parece una obviedad, pero es que sólo por tener mar, la Costa Daurada ya tiene mucho ganado, al menos para mi que soy más de secano que una encina. Xabela llevaba semanas soñando con la playa, con la arena y con toda esa parte lúdica que asocia inevitablemente a una ciudad costera.

Primera parada, La Pineda y el Spa del Hotel Estival Park, uno de los pocos en los que pueden entrar bebés, asi que comenzar relajándonos fue una opción ideal, y a los niños les encantó. Al día siguiente nuestro destino era Salou, ciudad en la que estuve de pequeña pero que no recordaba y me sorprendió ¡para muy bien! Sobre todo nos enamoramos de la Playa Larga, que es una de las más famosas y no me extraña, arena fina de color dorado  (de ahí viene el nombre de la zona), dunas por las que lanzarse y el agua fresquita pero cristalina.

Y como el mar es protagonista, el paseo marítimo es uno de los más espectaculares en los que hemos estado, sobre todo el Paseo de Ronda, un camino entre rocas y mar muy cómodo incluso con carrito.

Las que tenéis niños pequeños, sabéis que con la edad de Martín siempre hay que estar dispuestos a que todo salte por los aires, así que se agradecen las aceras amplias, los parques infantiles y los mil y un planes enfocados para ellos. Por suerte además ese fin de semana en Calafell, se celebraba el Family Weekend y eso implicaba magia, pasacalles e incluso unos payasos (de lo más gamberros) que hicieron pasar a Xabela uno de los mejores ratos del fin de semana. Con lo vergonzosa que es y sacaron lo mejor de ella….

 

Y después de tantas risas, qué mejor plan que poner rumbo a Cambrills en ferry, donde nos contaron que entre las opciones para el turismo, está la posibilidad bucear entre atunes, o hacer snorkel con niños… Mientras me atrevo y Martín crece un poco, lo que si hicimos fue disfrutar del viaje viendo peces y windsurfistas. Y sí, también procurar que Martín no se lanzase al agua en todo momento.Y el destino bien merecía el viaje porque Cambrills es el tipíco lugar del que te vas con ganas de más. Un pescador de la zona nos estuvo explicando cómo hacen las redes y nos dejó subir a su barco. Hasta a Martín se le puso alma de marinero.

Y después de tanto trabajo…. La comida ¡punto importante! Nos gusta comer bien y probar productos de la tierra, platos de carne, pescado, marisco y si eres vegetariano, también hay donde elegir. Pues un poco de todo, por favor. Ah, detalle: tronas y menú infantil en todos los restaurantes. Gracias.

Un descanso para coger fuerzas y listos para pasar un rato de lo más salvaje. Yo me refiero a la naturaleza, claro. Sin duda el descubrimiento del viaje fue el Parc Samá, un jardín botánico con una estética que nos transporta a otros tiempos y que consiguió atraparnos desde la misma entrada. 14 hectáreas de palmeras, plantas de todo tipo y faisanes y pavos reales correteando a su aire por allí, igual que Xabela y Martín que lo dieron todo por cuevas, cascadas, una torre y numerosos pasadizos. La prueba de que no sólo de parques de atracciones vive la diversión infantil.

Y si por el día te sabe a poco, por la noche también hay sorpresas. La más mágica, la de la Fuente luminosa cibernética de Salou, que literalmente baila al son de habaneras, rock&roll y música clásica. Y te mojas, y no te importa. De ese tipo de actividades que crees que no te van a emocionar y acabas deseando que no terminen.

Pero lo mejor estaba por venir, o por lo menos lo más atrevido y loco del viaje. Nunca habíamos ido con los niños a un parque de aventuras con tirolinas y recorridos, y mi último recuerdo de lanzarme al vacío fue en nuestra luna de miel y había conseguido casi olvidarlo. Pero vamos, que si llego a saber que Xabela es la versión infantil de Lara Croft, hubiese ido antes ¡cómo se lo pasó! Yo que iba diciendo a los monitores del Diver parc Ludic que la niña tenía vértigo y que a ver… Pues toma.

Martín también pudo divertirse mientras tanto. Y todo esto con la playa de Coma-Ruga de fondo, que es de agradecer. Y bien cerca de ahí, parada obligatoria en el Museo De Pau Casals en El Vendrell, una de las referencias culturales más importantes de España.

Así que sí, Costa Daurada bien merece una (o varias) visitas, con y sin niños. Porque la gente ha sido encantadora (una señora hasta nos dio tiritas para los niños), porque aunque es un destino turístico te sientes un poco como en casa y porque se nos ha hecho corto y eso significa que tenemos que volver. Y pronto.

Divertido, intenso ¡e inolvidable!
(Fotos de César Núñez)

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Escrito en: General

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